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Milagros Castañeda se topó con el aparato y pudo recuperar la tarjeta de memoria que había estado bajo el agua durante 6 años. Lo posteó en Twitter y en apenas 6 horas la historia tuvo final feliz.

El aparato tenía el destino de morir enterrado en el barro de los Esteros del Iberá. En su interior habían quedado cientos de recuerdos de una pareja. De sus viajes, sus selfies y sus abrazos en momentos únicos e irrepetibles que buscaban atesorar. En una de esas travesías por Argentina, la cámara cayó al agua y ellos pensaron que se había perdido para siempre.

Hasta que unos 6 años después, otra viajera, entrerriana, Milagros Castañeda, se topó quizás producto de la sequía, con la cámara entre el barro en una de sus caminatas por los esteros correntinos.

La chica, de 34 años, es fotógrafa profesional de la ciudad de Concordia y aprovechó el fin de semana de carnaval para visitar el Parque Nacional de los Esteros de Iberá. En diálogo con Infobae, la entrerriana contó cómo fue que se encontró con ese tesoro de imágenes perdidas. “Siempre que recorro un lugar trato de juntar toda la basura que voy viendo en el piso. Más que nada plásticos y todo lo que sea invasivo -explica Castañeda-. Una tarde que caminaba por el fondo de una laguna seca me topé con esa carcasa negra metida en el barro. La sacó con fuerza y era una cámara de fotos”.

Milagros agarró el dispositivo, le sacudió la primera capa de barro y vio que la batería no estaba estallada. “Me di cuenta que la memoria estaba intacta. Entonces la saqué de la cámara y en ese momento me pregunté si iba a poder acceder a las imágenes. Qué historias contendrían o que podría ver en su interior. No pensaba en otra cosa”.

Castañeda volvió a Concordia tras el feriado largo y lo primero que hizo fue poner la memoria en su computadora. Al instante aparecieron cientos de imágenes de la cámara. Dos años de fotos de una pareja con chicos, familiares, viajes y fiestas infantiles que ahora habían sido recuperados por Milagros.

Las fotos, intactas

La última foto mostraba a una pareja sonriente con un paisaje de montaña de fondo. “Septiembre de 2016″, estaba impreso en la imagen. Eso quería decir que la cámara se había pasado más de 6 años bajo el agua de los esteros.

La fotógrafa se debatía qué hacer. Si exponer las imágenes en las redes sociales o dejarlas en el anonimato. Milagros se decidió por postearlo primero en Instagram, pero no tuvo mucha repercusión.

El domingo pasado algunos amigos le propusieron que lo haga en Twitter, que era la red ideal para este tipo de búsquedas. “Que todo se podría volver viral en muy poco tiempo”. Todos le repetían que estaba frente a una “gran historia”.

Fue así que su publicación en Twitter alcanzó a 8 millones de personas. Por un rato no se habló de otra cosa en la tardecita del domingo. Ni siquiera pudo opacar los memes por la derrota de River frente a Arsenal. “Me empezó a explotar el teléfono y en 6 horas había encontrado a la pareja de las fotos perdidas – cuenta Castañeda entusiasmada-. Nunca imaginé que se iba a dar todo tan rápido”.

Fue así que la chica pasó de un simple posteo con un par de imágenes perdidas a dar notas para el noticiero de Concordia y hablar con los medios nacionales. Nazarena, la sobrina de la pareja, fue quien tuiteó para dar aviso que se había dado la feliz coincidencia. La chica en su posteo, además, contó que la pareja sigue junta y hasta que tienen un pequeño hijo.

El encuentro con las fotos

Eugenia y su pareja son de Mar del Plata y la cámara la perdió la mujer en un viaje que había hecho a Corrientes con una amiga. Milagros ya hizo el contacto con los dueños de las imágenes. “Me contó que le había prestado la cámara a un integrante del tour y que en un descuido se le cayó al agua pantanosa de los esteros”, explica Milagros.

En las próximas semanas se dará el encuentro que le devolverá a Eugenia y su pareja las imágenes de dos años de su vida, que habían quedado enterradas en el barro de Iberá. “Me dijo que estaba perpleja, que no podía creer que iba a volver a tener esos recuerdos que creía perdidos para siempre”, relata Castañeda sobre los primeros diálogos.

Por su parte, Eugenia también dialogó con Infobae: “Que mis fotos estén en Concordia me produce un impacto mayor, porque ahí se crió mi papá – cuenta la mujer-. Todo esta locura viral que se produjo me vuelve a conectar con mi origen en la mesopotamia. Es como un volver a vivir las historias que me contaba él de chica de cómo vivía en el campo entre las cuchillas”.

Junto a su pareja Adrián, Eugenia piensa recorrer los más de 800 kilómetros que separa Mar del Plata de Concordia para recuperar las fotos y también sus recuerdos de infancia. En tanto, Milagros espera que esa pequeña memoria que soportó intacta 6 años bajo el agua de Corrientes vuelva a sus dueños para que puedan reconstruir con imágenes esos dos años de su vida, que creían perdidos para siempre.