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Juan Martín Morales hizo aquello que se observa en películas viejas o dibujos animados de otra época: limó los barrotes de la reja de la celda donde se encontraba detenido, en la Delegación Concordia de la Policía Federal Argentina. Salió a la calle y se fugó con destino incierto en una moto conducida por una mujer que lo esperaba a la vuelta. El episodio, que se conoció a fines de diciembre, motivó sumarios y relevos de autoridades, mientras continúa la búsqueda del condenado por narcotráfico.

La fuga sucedió minutos antes de la medianoche del lunes 18 de diciembre, aunque se conoció 10 días después. Morales se tomó su tiempo para, con un elemento que no fue hallado, vencer las rejas de su lugar de alojamiento. Esta fue la versión inicial, pero con los días surgió otra: con una sierra intentaron cortar un barrote, pero no lo lograron, por lo que no se descarta que un policía le abrió la reja para que huyera. Como la investigación se mantiene hermética dentro de esta fuerza que depende del Ministerio de Seguridad de la Nación, los datos oficiales son escasos.Morales salió por la parte de atrás de sede de la fuerza federal y tras saltar por los techos, pisó el medio libre. Corrió por calle Alvear dos cuadras hasta Bernardo de Irigoyen, donde lo esperaba una mujer a bordo de una moto de 110 cc. Se subió y la conductora aceleró. Doblaron por calle Brown hacia el sur y avanzaron sin que nadie en ese momento se percate.

Sobre el paradero de Morales hay distintas versiones. La más firme apunta a que habría cruzado (por un paso fronterizo ilegal) hacia Uruguay. La Policía de Entre Ríos colaboró en la investigación al inicio de la búsqueda, aportando videos de cámaras de seguridad y realizando otras averiguaciones. Todo parecía indicar que cruzó el río Uruguay en una embarcación prestada. Pero luego la Federal puso ciertos reparos, les agradeció a los investigadores de la fuerza provincial y continuaron ellos con la pesquisa.

El caso cayó muy mal en las autoridades de Policía Federal, que tomó medidas internas de forma inmediata: por un lado, le iniciaron un sumario a los tres oficiales que estaban a cargo de la guardia al momento de la fuga y los pasaron a disponibilidad. Por otro lado, relevaron al jefe de la División Unidad Operativa Federal Concordia, Miguel Ramos, quien fue trasladado a otro destino, posiblemente la ciudad de Reconquista, al norte de la provincia de Santa Fe. Esta semana asumiría el nuevo jefe de la Policía Federal local.

Antecedentes

Morales tiene 33 años y hace más de una década que está en el negocio de la droga en Concordia, por lo cual arrastra dos condenas, ambas en la provincia de Misiones, donde cayó dos veces por transporte de marihuana y cocaína.

Estuvo vinculado a distintos personajes del ambiente narco concordiense, como el conocido clan liderado por Natalia Bonasola, quien supo estar asociada al paranaense Elvio Gonzalo Caudana. Morales aparecía, en el año 2013, como uno de los colaboradores de la banda en los viajes al noreste argentino en busca de los cargamentos de droga.

Fue en una de esas ocasiones en las que cayó preso por primera vez: el 25 de febrero de 2013, en la localidad de Puerto Rico (provincia de Misiones) se llevó a cabo un procedimiento donde detuvieron a los concordienses Mariano Barrios, Eliana Villalba y a Juan Morales, quienes ya estaban siendo investigados por sus actividades delictivas en su ciudad. Aquel día transportaban 286 kilos de marihuana y dos kilos de cocaína en un vehículo.

Por este hecho, Morales recibió una pena leve, de dos años y tres meses de prisión por partícipe secundario del delito de Transporte de estupefacientes. La segunda condena, por un hecho similar, le llegó a Morales en el año 2020: fue en mayo de 2020, de cuatro años de prisión, por el mismo delito, impuesta por el juez de cámara Manuel Alberto Jesús Moreira.

Morales estuvo un tiempo alojado en la Colonia penal de Candelaria (Unidad 17) del Servicio Penitenciario Federal. Allí sufrió un accidente mientras realizaba actividades físicas que le valió una lesión grave en la pierna derecha. Por esto, pidió la prisión domiciliaria, atento a las dificultades de movilidad, la cirugía que debían practicarle y el tiempo de recuperación, pero le negaron el beneficio.

A poco de cumplir esta segunda condena, Morales recibió otro beneficio, que fue el traslado y alojamiento provisorio en la Policía Federal de Concordia, en cuya sede no suelen alojar a presos. Fue allí su último lugar de privación de la libertad, donde permaneció hasta el 18 de diciembre de 2023. Hasta hoy, su destino es desconocido.

La hipótesis de su ocultamiento en Uruguay no es descabellada, teniendo en cuenta que en los últimos años crecieron los vínculos entre narcotraficantes de Concordia y del vecino país, fundamentalmente para el contrabando de cocaína. Habrá que esperar novedades de la investigación que lleva adelante la fuerza federal.

Fuente: Análisis Digital